1. El error de tratar dificultades complejas con soluciones estándar
Durante años, muchas intervenciones en dislexia y TDAH se han basado en un enfoque homogéneo: aplicar el mismo tipo de refuerzo, los mismos ejercicios o las mismas pautas a perfiles muy distintos. Este planteamiento parte de una lógica comprensible —es más sencillo escalar soluciones estándar—, pero ignora una realidad clave: las dificultades de aprendizaje no son simples ni uniformes.
La dislexia y el TDAH no responden a una única causa ni se manifiestan de la misma forma en todos los niños. Cada caso combina fortalezas, dificultades y contextos diferentes. Cuando se aplican soluciones genéricas a problemas complejos, el resultado suele ser frustración, baja eficacia y sensación de que “nada funciona”.
2. Dislexia y TDAH no son curriculares, son cognitivas
Uno de los errores más frecuentes es abordar la dislexia y el TDAH como si fueran dificultades de contenido escolar. En muchos casos, se refuerzan asignaturas, se repite materia o se aumenta el tiempo de estudio, esperando que eso resuelva el problema.
Sin embargo, la dislexia y el TDAH tienen una base cognitiva, no curricular. Están relacionadas con procesos como:
la atención sostenida y selectiva,
la memoria de trabajo,
el control inhibitorio,
la velocidad de procesamiento,
o el procesamiento fonológico.
Si estos procesos no se entrenan de forma específica, repetir contenidos no solo no ayuda, sino que puede aumentar la frustración y dañar la autoestima del niño.
3. El problema de “hacer más de lo mismo”
Ante la falta de progreso, la respuesta habitual suele ser hacer más: más ejercicios, más deberes, más tiempo de trabajo. El problema es que el aprendizaje no mejora por acumulación, sino por adecuación.
Cuando el tipo de intervención no encaja con el perfil cognitivo del niño, aumentar la cantidad solo amplifica el esfuerzo sin mejorar el resultado. En muchos casos, esto refuerza la idea de que el niño “no puede” o “no se esfuerza”, cuando en realidad no está recibiendo el tipo de apoyo que necesita.
Intervenir bien no significa intervenir más, sino intervenir de forma más precisa.
4. Falta de continuidad entre consulta, casa y colegio
Otro de los grandes puntos débiles de muchas intervenciones es la falta de continuidad. A menudo, el trabajo se concentra únicamente en el espacio de la consulta o del centro educativo, mientras que:
en casa no se sabe exactamente qué hacer,
las familias están saturadas y cansadas,
y la coordinación con el colegio resulta compleja o limitada.
Cuando no existe un hilo conductor entre los distintos entornos del niño, la intervención pierde fuerza. El aprendizaje necesita repetición, consistencia y coherencia. Sin continuidad, incluso las buenas intervenciones pierden impacto.
5. Qué dice la evidencia científica sobre la intervención eficaz
La investigación en neuropsicología y psicología educativa es clara en varios puntos:
Las intervenciones más eficaces son específicas, no genéricas.
Deben adaptarse al perfil individual del niño.
Es clave entrenar funciones cognitivas concretas, no solo contenidos.
La dificultad debe ajustarse progresivamente en función del rendimiento.
Medir el progreso permite tomar mejores decisiones y ajustar la intervención.
Estos principios se repiten de forma consistente en la literatura científica y explican por qué muchas soluciones estándar no logran los resultados esperados.
6. Principios clave que sí funcionan
Aunque no existe una solución única válida para todos, las intervenciones que mejor funcionan suelen compartir varios principios:
Personalización real, basada en el perfil cognitivo del niño.
Entrenamiento específico de las habilidades que sostienen el aprendizaje.
Sesiones breves y estructuradas, fáciles de integrar en el día a día.
Continuidad entre consulta, casa y escuela.
Seguimiento objetivo del progreso, más allá de la percepción subjetiva.
Cuando estos elementos se combinan, la intervención deja de ser una carga y se convierte en una herramienta de apoyo real, tanto para el niño como para las familias y los profesionales.
Conclusión
El problema no es que no se esté interviniendo en dislexia y TDAH. El problema es cómo se está interviniendo en muchos casos.
Pasar de soluciones genéricas a intervenciones personalizadas y basadas en evidencia no es una tendencia, es una necesidad. Solo así es posible generar cambios reales y sostenibles en el aprendizaje y el bienestar de los niños.